Existen personas de corazón profundo y bueno que juran no odiar a nadie ni a nada. No es mi caso. Yo paso por épocas en las que todo me molesta. Me molesta no saber si la ropa está todavía húmeda o solo fría, que el jamón york me lo corten grueso cuando digo fino y me molestan las pelotillas de un jersey que no tiene más de dos semanas. Pero sobre todo ME MOLESTA LA PRIMAVERA. Procuro no pronunciar estas palabras ni en alto ni en público porque yo a la vida la quiero, y no me apetece que me sometan al ostracismo másLEER MÁS

  ¿Un influencer insoportable que gana millones con tan solo 19 años? ¿Un vigilante de la zona azul que te pone la multa según te acercas al coche? ¿Un dentista psicokiller que te deja la endodoncia mal rematada? Podría ser. Pero no tengo tanto odio para repartir, así que centrémonos en los NUTRICIONISTAS. Para ello, acudiré a mi historia personal con este gremio; idilio fugaz como un helado en el día más caluroso del año. Todo comenzó cuando acudí a mi médico de cabecera para ver qué ocurría con unos profusos sudores nocturnos, acompañados de tembleques y de pesadillas. Tras unos análisis de sangre, meLEER MÁS

  A veces me da la sensación de que el concepto de persona sensible que fluye por ahí es desacertado. Ser más sensible de lo normal no implica necesariamente pasarse el día llorando o ser un bicho raro que no sabe relacionarse con nadie. En mi caso, por ejemplo, siempre he notado que soy muy sensible a mi entorno porque vivo las cosas que me gustan con una intensidad taquicárdica, y afronto del mismo modo todo aquello que me incomoda o apena. Siempre he sido así: apasionada, exagerada como una folclórica. Como muestra, hace dos o tres semanas fui al cine a ver la versiónLEER MÁS

  Sentirme fuera de onda es mi ADN; como aquella peli francesa de Los visitantes, con unos aldeanos de la Edad Media en la época actual y sus delirantes y (esperables ) gracietas por culpa del choque temporal. Para mí, la cosa nunca ha sido “cuando tú vas, yo vengo de allí”, sino que cuando los demás ya han llegado y luego se han ido, entonces llego yo; tarde, a destiempo, pasota con lo que se lleva y lo que no se lleva. Y en el caso de que el genio de la lámpara maravillosa aparezca concediéndome el deseo de estar siempre a la última,LEER MÁS

  Así, a primeras, no podría decir nada en contra de este deporte. Practicado con escasos recursos, ejerce una acción democratizadora sin igual; desde Turkmenistán hasta Uruguay se practica el fútbol con la misma pasión. Incluso actúa como calmante de tragedias en campos de refugiados o en las cárceles, y todo con un simple balón de por medio. Por otra parte, es un deporte bien lucido, en donde los protagonistas corren con una pelota pegada al pie, cosa que me parece magia; capaces de serpentearla entre sus piernas o colarla entre las del contrario. Y si encima el equipo juega bonito, ya es de premio.LEER MÁS

  Siempre me ha gustado escuchar a esa masa jovial y risueña que marcha por las calles a ritmo de ejército norcoreano. Amontonados y ocupando toda la acera, caminan felices y con mucha prisa, porque sea cual sea su destino, será siempre un planazo. A veces me encuentro con un grupito de muchachos y muchachas sentados en un banco del parque, acomodados sobre él de todas las formas posibles menos la habitual. No puedo evitar hacerme la tonta y sentarme cerca de ellos disimuladamente. Podría hacerlo sin tanto cuidado, ya que no reparan en mí ni un segundo; a sus ojos poco me faltará paraLEER MÁS

  No sé por qué muchas veces nos avergonzamos de nuestra parte creativa. De hecho, algunas personas que han conseguido cierta gloria en Twitter, o los que suben sus recetas de empanadillas a Youtube, o los que enseñan sus acuarelas en tutoriales para principiantes o los que escriben un blog de poesía en verso libre, se mueven en el más profundo de los anonimatos. Ni en su casa lo saben. He reflexionado sobre esta clandestinidad artística y he llegado a la conclusión de que cualquier actividad creativa resulta muy personal. Es más, el arte es algo muy íntimo. El ingenio y la imaginación nacen yLEER MÁS

Hace nada me dijeron que tengo la suerte de ser propietaria de un buen escudo con el que protegerme de muchas cosas de la vida: el humor. Tras agradecer semejante halago, no sin sonrojarme terriblemente, dado la convicción con la que me lo confesaba, me di cuenta de que en realidad nunca he sido demasiado consciente de ello. Es decir, sí, sé que tengo sentido del humor, pero para mí es lo mismo que tener dos ojos: los tienes ahí pero no les prestas mucha atención. Vienen contigo de serie y nunca te has parado a agradecerle a la vida que te los haya puestoLEER MÁS