Por razones obvias, durante estas semanas hemos recibido un bombardeo masivo de anuncios que muestran imágenes de personas trabajando desde casa. A lo poco que me he detenido en ellas, he comprobado que la dicha más absoluta se te aparece como un espectro divino en forma de un estudio pequeñito aunque coquetuelo, de diseño escandinavo pero con luz sahariana, con cuadros de arte contemporáneo en la pared y un bebé que nunca llora sobre tus rodillas. Y mientras la criaturita da palmaditas y hace cucamonas, tú trabajas relajadamente, ataviada con una confortable ropa de lino en tonos neutros que combinan con el ambiente. Todo aLEER MÁS

Hace varios días, charlando con unos amigos saqué a relucir el tema de la envidiable y meritoria vida profesional de un viejo conocido por todos los presentes en la conversación. Efectivamente, amigas y amigos, el deporte que estaba practicando en ese momento era el único del mundo que no requiere de unas capacidades físicas dadas, ni necesita calentamiento ni estiramientos previos. No se considera todavía deporte olímpico, aunque por el número de practicantes debería serlo. Sin duda me estoy refiriendo a la actividad universal por excelencia: hablar de los demás. Qué bien se nos da a todos y a todas. Sin diferencia de edad, culturaLEER MÁS

[“ Disculpe, ¿podría traerme otro cafecito con leche, por favor?”] Me tenéis que perdonar pero estoy aquí en una terracita pidiendo un nuevo suministro al camarero, al mismo tiempo que muevo mi silla sin parar, buscando ese rayo de sol ideal que incide en la vértebra adecuada de tu espalda. A ver, a ver…yo creo que veinte centímetros más hacia a la derecha…voilà. Lo tenemos: la postura perfecta. [“Sí, descafeinado, gracias”] Ah, nada, que ha venido otra vez el chico a preguntarme si lo quería descafeinado. Quizás le suene  mi cara, porque una es de las que hace caiditas de pestañas por doquier. Y aunque dentroLEER MÁS