Cuando era más joven, me pasaba la vida recriminándole a mi padre que no se involucraba lo suficiente con sus hijos, que no se implicaba con las tareas del hogar y que nunca nos preguntaba por nuestras ilusiones o miedos. Ahora que ya soy mayor, me he dado cuenta de que MI PADRE ES HIJO DE UNA ÉPOCA. Por aquel entonces a un hombre casado solo se le exigía que fuese una sola cosa: proveedor de su familia. Los buenos hombres se diferenciaban de los malos en que eran trabajadores. En mi pueblo todavía se sigue utilizando ese criterio diferenciador para calificar la bondadLEER MÁS

  Recientemente, en la cola de la panadería, dos personas hablaban sobre la elaboración de la tortilla de patatas: “Es que es un trabajón. A nosotros, si nos apetece cenar tortilla la pedimos a [nombre de app de comidas a domicilio]”. Su interlocutor asentía con una naturalidad pasmosa, señal de que usaba un procedimiento parecido en cuanto a las tortillas. Yo me sentí desfasadísima tortillamente hablando. No obstante, prosigamos con su conversación: “Y como a mí me gustan jugositas, siempre las encargo en ese sitio; a no ser que llame a mi madre y le pido que me haga una, porque tiene una mano buenísimaLEER MÁS

Este año, en mi anárquica pero responsable familia, hemos decidido que las Navidades las celebremos cada uno a la lumbre de su propio hogar. Nos es indiferente que cantantes octogenarios entonen villancicos ante cinco mil personas. En nuestra casa, aunque vamos sobrados de contradicciones, como casi todo el mundo, cuando nos toca ser buenos ciudadanos, lo somos. Así, mientras otros cantan El tamborilero, nosotros cantamos Cada mochuelo a su olivo, lo que empodera nuestra ética familiar. Dicha decisión determina que mi Costillo y yo pasaremos, por primera vez, la noche del 24 de diciembre a solas con nuestro gato. Y a varios días vista, ya heLEER MÁS

  Hay familias que viven en el sobreentendimiento: se sobreentiende que te quiero porque eres mi hija y se sobreentiende que os quiero porque sois mis padres, y aprovechando esta ley natural de sobreentendernos que nos queremos los unos a los otros, puede que te lleve al acomodamiento y te dejes estar así. Ojo, que esta práctica no resta amor ni veracidad, que a estas alturas no vamos a explicar que el afecto no tiene que ir unido a demostraciones pomposas, y que la práctica de ellas no suman más devoción; aunque sí es cierto que después de un tiempo te cuestiones si podrías haberlesLEER MÁS

Hace ahora justo 12 años, el Costi y yo decidimos hacernos cargo de un gatito que venía acompañado de un heterogéneo y colorido grupo de hermanos. Del padre de las criaturas no tenemos dato alguno, ya se sabe que después del kiki muchos se van a por tabaco y si te he visto no me acuerdo, aunque sí conocíamos perfectamente a su madre: una gata que resultaba ser la versión felina de Elizabeth Taylor, lo que conllevaba un éxito de ligoteo impresionante que tenía medio loca a mi suegra; la cual se había autoerigido como cuidadora de todos los gatos abandonados del barrio, y queLEER MÁS

No te sientas mal si tu madre te abochorna de vez en cuando, porque ¡la mía lo hace constantemente! Mi santa madre es culta, curiosa y superdivertida, pero tiene un leve problema: la mujer cree que la humanidad entera comprende nuestros chistes familiares; ya sabéis, esos palabros que solo se pronuncian en vuestra casa porque vosotros mismos los habéis creado. Vendría siendo el sentido del humor interno de cada familia, y la mayoría de las veces se queda como una gracieta o palabra de uso normal y corriente DENTRO DEL SENO FAMILIAR. Y ahí es cuando entra mi madre, que va soltando nuestras chorradas porLEER MÁS

Estos días tengo un disgusto que nada me lo puede quitar. Ni más ni menos que mi Grundig, esa minicadena que me regaló mi abuela en el año ’92, está llegando a su fin y, aunque parezca exagerado, mi pena es superlativa. Me la compró justo cuando yo no daba abasto con mis playbacks delante del espejo, y me moría por comprarme cedés y por hacer mis casetes megamix gracias a la doble pletina, pero en mi casa no había un duro. Así que un día me dio una sorpresa descomunal. Pagada a plazos, como se hicieron siempre las cosas en mi casa, la minicadenaLEER MÁS

Siempre me ha gustado realizar sondeos sobre quién se lleva la peor parte en cuestión de hermanos. Me encantaría admitir que el resultado de dichas encuestas ha reforzado mi teoría, porque convencida estoy de que ser la mayor es un rollo de descomunal magnitud; pero no ha sido así. La conclusión del estudio es que CADA UNO SE QUEJA DEL PUESTO QUE LE HA TOCADO. De manera que el pequeño se queja de cargar con las culpas de todo, el del medio porque pasa inadvertido y el mayor porque ha de ser responsable. Pero atención, damas y caballeros; desde mi posición de hermana mayor, yoLEER MÁS

¡Ya lo que me faltaba! Ni más ni menos que mis dos adorables progenitores, esto es, mi señor padre y mi señora madre están atravesando una etapa más propia de dos díscolos mancebos que de una parejita de sexagenarios. “Pues a mí me parece muy entrañable”, pensará el respetable. A lo que yo añado que lo será siempre que no se trate de tus padres, pues me contaréis las ganas que tengo yo de lidiar con dos púberes que lucen canas. En todo momento y, dado que siempre elaboro mis estudios con datos precisos y 100% fiables, acompañaré esta teoría con un ejercicio en elLEER MÁS