No soy yo muy amiga de ponerle nombres a todo, pero en esta ocasión no sacaré a relucir mi desacuerdo, pues le han puesto una etiqueta al hermanamiento y afecto entre mujeres: la sororidad. Es curioso que se identifique con un término distinto a un sentimiento que existe también entre hombres. De hecho, la solidaridad y fraternidad entre hombres se llama “solidaridad y fraternidad entre hombres ”, sin embargo, bajo las circunstancias en las que hemos vivido las mujeres desde que el mundo es mundo, me parece de una lógica cristalina que hayan buscado un término adecuado que se ajuste mejor a este concepto.LEER MÁS

Me sabe mal por Charles Darwin, un señor que se merece todos mis respetos por haber dedicado su vida entera al estudio y al progreso de la ciencia. Pero ahora es mi turno, y es posible que El origen de las especies quede para siempre en la misma categoría que una novelucha romántica de kiosko. Al principio sufriré la mirada escéptica de los círculos más selectos de la biología. Surgirán voces disidentes que pondrán en entredicho mi tratado, a las que me enfrentaré con la mejor de las posturas: la indiferencia, pues solo unos privilegiados podrán llegar a entender la magnitud de lo que aquíLEER MÁS

Millones de veces. Esa es la cantidad aproximada de ocasiones en las que he sufrido el desencanto de escuchar que las mujeres entre nosotras somos unas lagartas, unas folloneras, unas liantas y demás cualidades de similar cordialidad que tan dañinamente nos acompañan desde las épocas de las cavernas. Por mi parte, estoy más que aburrida de llevarle la contraria a todo aquel y, sobre todo, a toda aquella anclada en esa absurda creencia de que nos devoramos las unas a las otras. Así que me negaré hasta el fin de mis días a alimentar esa teoría rancia y viejuna. Admito que, como seres sociales queLEER MÁS

¿En qué que quedamos? ¿Nos queremos tal y como somos o no? Hace unas semanas tuve el inmenso placer de leer una revista cuyo contenido me pareció más que inquietante, ya que no me quedó muy claro si me dirigían hacia el amor propio o hacia el autorrechazo. Juro que desde los textos de Kant que no leía algo tan lioso. Se trataba de una publicación destinada al público femenino, de esas que ponen a una mujer en la portada bien aderezada con vinagreta de Photoshop. Mientras, a golpe de titular, nos vaticinan un verano a tope porque gracias a ellos luciremos jovencísimas, delgadísimas yLEER MÁS

  Para resarcirse de siglos y siglos mostrando a las mujeres desdén e indiferencia -eso en el mejor de los casos-, resulta que ahora les ha dado por sacarnos en los medios con sobrenombres rimbombantes con cierto tufillo hortera y condescendiente. Me refiero a esos nuevos apelativos que han lanzado desde el mundo del periodismo deportivo para denominar a equipos femeninos de lo que sea (¡noticia, no solo hablan de fútbol!) a través de calificativos al estilo de “Las Guerreras”, “Las Incansables”, “Las Luchadoras” y mamarrachadas similares que me parecen una memez y una machistada descomunal. Para empezar, en el mundo del deporte nadie quiereLEER MÁS

Los bancos: hay que ver qué sector tan comprometido con los cambios sociales, qué bien manejan la llegada de las igualdades civiles, ¿verdad? ¡Si es que siento gozo y alegría al observar cómo perciben la lucha de los derechos de la mujer! Se ve que viven con los pies en el suelo y que son, sin duda, conscientes de habitar en una nueva era. ¡Ay…es que solo puedo decir cosas bonitas! No me digáis que no son gente majísima, con la mirada siempre puesta en el siglo XXI. Es por ello que: ¡UN UN DÍA DE ESTOS VOY A LLAMAR YO AL CREADOR DE TODALEER MÁS

No sé cuál es la ley física que le afecta a mi madre cuando hablo con ella porque cosa que le digo, suceso que le cuento o anécdota que le relato, se le olvida con una facilidad sorprendente. Podría decirle que vaya al médico a verse eso del estribo, el yunque, el martillo y todas esas herramientas que salían en el libro de Naturales. Pero lo más probable es que ella me corrija recitando una a una las piececitas que conforman el oído externo e interno, así, de corrido; como quien canta la tabla del dos, ya que ella posee una memoria estratosférica y bienLEER MÁS

El macho español. Qué preciosidad de concepto, qué criterio identificador tan moderno y ajustado a nuestros tiempos, ¿verdad? ¡Diga usted que sí, gentil y gallardo caballero! Si es que ese codo apoyado en barra, esa mano sujetacubatas y esa mirada escrutinadora y analizadora de todo ser vivo que posea el cromosoma “xx”, modela una estampa de fantástica e incomparable belleza. Deberemos añadir, ciertamente, unos modales, gestos y entonaciones laríngeas propias de un hidalgo galán. De este modo, tendríamos el prototipo perfecto de machote que (SEGÚN ÉL, repito: SEGÚN ÉL), las vuelve locas. He de aclarar de antemano que no me interesa examinar ese espectro clásico deLEER MÁS

Qué rabia me da no poder empezar a lo grande, despotricando de ese algo que me molesta y poniéndolo fino fino; lo que se dice de verano. ¿Por qué? Porque resulta que lo que podría causarme ciertas perturbaciones son unos seres monísimos que te mueres, lindísimos y megasimpáticos; que me abrazan, me dan besitos y me ofrecen Gusanitos de forma desinteresada. ¿Existe un gesto de fraternidad amorosa más grande que  ese? Bueno, más bien me regalan un único Gusanito mientras ellos se quedan con el puño lleno. Empiezan pronto a conocer el valor del Capitalismo. Repartir por doquier no es lo suyo. Así que yo observo esaLEER MÁS

Sí, queridas y queridos; ya ha llegado el momento en que una es clavadita a su santa madre. Hasta entonces barajabas ciertas similitudes, algunos patrones que se repetían y que te tenían algo mosca. Pero hete aquí que recientemente he encontrado entre mis papeles una receta de cocina escrita a mano (de lentejas vegetales, para los más curiosos), que me dio la respuesta a todo. No tenía nada especial: era una hojita de un cuaderno en espiral, con letra de boli azul estándar; probablemente un Bic azul escribe fino Bic Cristal escribe normal, enmarcada dentro de las cuadrículas de toda la vida (en la queLEER MÁS