Recientemente, en un foro sobre educación e infancia, el siempre acertado y muy adorable James Rhodes, aseguraba que ser niño hoy en día es mucho más difícil de lo que lo era en su época. Tras leer estas declaraciones, recapitulo mis años de niña con coletas y de entusiasta púber, y concluyo que, por todo lo que ellos no disfrutaron, mi infancia fue más cómoda y próspera que la de mis padres, y más feliz que la de los niños de ahora por todo lo que no tuve que soportar. Especialmente en lo que se refiere a la carrera actual por lucir el hijo más guapo,LEER MÁS

No sé cuál es la ley física que le afecta a mi madre cuando hablo con ella porque cosa que le digo, suceso que le cuento o anécdota que le relato, se le olvida con una facilidad sorprendente. Podría decirle que vaya al médico a verse eso del estribo, el yunque, el martillo y todas esas herramientas que salían en el libro de Naturales. Pero lo más probable es que ella me corrija recitando una a una las piececitas que conforman el oído externo e interno, así, de corrido; como quien canta la tabla del dos, ya que ella posee una memoria estratosférica y bienLEER MÁS

Todos hemos visto esas series americanas donde el padre es pluscuamperfecto: nunca se pierde los partidos de su hijo (que es el quarterback con más futuro del condado), y siempre que tienen una riña, va a su cuarto para soltarle una frase que cambiará el rumbo del adolescente y el de los telespectadores, que quedan petrificados ante la belleza de esas sabias palabras. Sin duda, se trata de un padre que se escapa del hospital el día que va a ser operado de urgencia de apendicitis. Y ahora yo pregunto: “¿Vuestros padres se han levantado de la cama del hospital, se han arrancado de cuajoLEER MÁS