Bajo el estandarte del romanticismo se encuentra esa actividad diaria -aunque no practicada desde siempre- que es la de dormir en la misma cama con otra persona. Persona adulta, por cierto, ocupante de un espacio tridimensional que hace que tu parcela del bienestar mengüe en cuanto a centímetros cuadrados. Así, lo que en los primeros episodios de noches sobre el mismo lecho sabía a miel, incluso yaciendo en colchones rellenos de clavos incandescentes; con la costumbre se convierte en una lucha griega en un tapiz de 1’50. Oh là là, el amor y todo eso, bla bla, blu blu, el amor todo lo puede,LEER MÁS

  Partamos de la base de que eso no existe. En veinte años te aburrirás en algún momento, se trate de amor o de comer lo que más te gusta del mundo: las croquetas de tu madre. Un día le dices a tu madre que si por ti fuera comerías croquetas todos los días de tu vida. Dado que estuvo dieciocho horas de parto por ti, ha desarrollado el hábito de hacer tus deseos realidad y te dejará un tupper de croquetas todos los días durante veinte años. Dicha travesía gastronómica se desenvolverá de esta manera: los cinco primeros años, estupendamente. Los cinco siguientes, bien,LEER MÁS

  Como resultado del júbilo con el que mucha gente se dirige al Costillo y a mí en cuanto a parejita que somos, he llegado a la conclusión de que nos tienen por un dueto amoroso chispeante. Para empezar, siempre nos tratan como a una pareja de novios, cuando en realidad, hace ya unos cuantos años que firmamos unos documentos en una ceremonia de tres minutos ante un juez, de la que no recuerdo mucho, salvo que me leyeron un artículo de la Constitución que me obligaba a cuidar de mi suegra cuando la ocasión así lo requiriera. Obviamente, me comprometí en alta voz aLEER MÁS

  Incomprensiblemente, los hombres ven las películas en silencio. Si bien gracias a mi olfato analítico de sabueso policial y a mis vastos conocimientos sobre el universo masculino, desentramaremos los motivos de este extraño comportamiento que afecta a todos los varones del firmamento. Reconozco, aun así, el mérito de ver una película de principio a fin sin decir ni mu, pues dicha virtud solo está al alcance de aquellas mentes predestinadas a la enajenación más absoluta. Esta abstracción con respecto al medio es la que hace que caigan rendidos veinte segundos después de meterse en cama, o de seguir el argumento de una peli aunqueLEER MÁS

En mi pueblo han abierto una gran superficie de bricolaje para ir a pasear. El plan es que vayamos a airearnos a una nave industrial junto con otras dos mil personas durante tres horas y media. Es lo que solemos hacer en mi pueblo si queremos dar una vuelta. Me han dicho que alguien ha entrado a comprarse un taladro, pero de momento es solo un rumor. Yo creo que ha sido una medida formulada desde la concejalía de familia, porque a no ser que vayas en pareja, en las grandes superficies no te dejan entrar: “¡Yo solo he venido a por una broca deLEER MÁS

  En el momento en que toca la escena de sexo cuando estás viendo una peli en compañía, se te queda cara de imbécil y no sabes qué hacer. Yo, de naturaleza simple y, en ocasiones, también práctica, cuando paso vergüenza solo tengo un recurso: decir chorradas. Cualquier cosa menos quedarse en silencio sepulcral ante la estampa de dos personas jadeantes que se revuelcan entre sábanas de satén. Aun así, entre tontería y estupidez tengo tiempo de sobra para llevar a cabo una extensa indagación por los entresijos de estas escenas centradas en revolcones ajenos. No resulta un ejercicio complicado, pues por poco observadora queLEER MÁS

Siempre me han llamado la atención esas parejas que no se hablan cuando están sentados en una cafetería. Él mira hacia un lado, ella mantiene los ojos en posición de pause hacia el infinito; ni se tocan, ni se miran, ni se hablan ni se rozan. Son dos menhires plantados allí mismo. Vaya por delante que, aun así, me erijo como la defensora superlativa del espacio individual en una pareja. Y es que un tú y un yo hacen un nosotros fantástico, pero un tú a lo tuyo y un yo a lo mío sientan estupendo cuando toca. Ahora bien, a partir del instante enLEER MÁS

Cualquier persona como yo, con una dilatada trayectoria de tendencia agorera, ante un viajecito informal de fin de semana se comportará tan nerviosa y dubitativa como si fuese a emprender la migración del tiburón ballena, quien se desplaza de México a África para poder reproducirse. En absoluto envidio a ese tiburón. Prefiero desconocer el estrés de preparar la maleta para un viaje como ese. Y es que África engaña. Que parece que hace calor pero luego tienes que llenar la bolsa de porsiacasos. Yo no hice un periplo de 16.000 kilómetros como el tiburón ballena; sino un trayecto de dos horas en coche, las suficientesLEER MÁS

  No siempre lo tuyo es lo mío ni lo mío es lo de todos. Hay cosas que han de quedar para uno, como los episodios relacionados con ciertas funciones corporales. Sucesos, estos, que por mucho que quieras esconder, evitar o retrasar en su concepción, buena señal será que sigan su curso natural. Y dado su proceder, normalmente involuntario, sus efectos colaterales suelen extenderse a más personas, con las cuales suele mantenerse unos lazos de familiaridad. Cierto es que el roce no siempre hace el cariño, ni el cariño se merece siempre ser adornado con un olor a pedo. De esa manera conciben la vidaLEER MÁS

Hace unas semanas, mi Costillo, ese ser de impresionante coordinación corporal, sufrió un resbalón en las escaleras y se hizo un esguince. Me extraña, pues se trata de un caballero cuyos armónicos gestos recorren todas sus extremidades, cual cisne en un lago encantado. De hecho, es tan imponente su caminar, que cuenta la leyenda que las bellas damiselas del reino salen al balcón para dejarse cortejar por semejante galán de movimientos acompasados y de refinadas danzas. No en vano, la que escribe ha padecido algún que otro traspiés por obra y gracia de este gallardo y gentil hombre, que, en aras de interpretar a Apolo,LEER MÁS