Por mucho que hoy en día los pueblos no sean tan pueblos y que todos estemos entrenados en la modernidad y en lo global; no hay nada como irte a una gran ciudad para que emerja tu parte aldeana. Una parte de la que no te avergüenzas porque te da como ternurilla. Le tienes cariño, te recuerda a tu infancia y a la primera vez que tus padres te llevaron a montar las escaleras mecánicas de El Corte Inglés. Si es que merece mucho la pena ser una pueblerina. Los que nacen en plena urbe se pierden estas experiencias. No era la primera vezLEER MÁS