Me pregunto constantemente qué narices hago con un blog ahora que ya no se llevan. No están de moda porque todo se ha reducido al ya, al aquí y a un menor esfuerzo por parte del receptor. Los vídeos de Youtube pasan a ser montajes de sesenta segundos en forma de nueva red social llamada Tik Tok; los programas de radio se hacen a la carta para escucharlos cuando quieras a modo de podcasts y las columnas de opinión se han cambiado por los tweets. Pues ante un panorama así, hace cuatro años comencé este blog sin importarme un pepino cómo estaba el mercado lector.LEER MÁS

  Existen personas de corazón profundo y bueno que juran no odiar a nadie ni a nada. No es mi caso. Yo paso por épocas en las que todo me molesta. Me molesta no saber si la ropa está todavía húmeda o solo fría, que el jamón york me lo corten grueso cuando digo fino y me molestan las pelotillas de un jersey que no tiene más de dos semanas. Pero sobre todo ME MOLESTA LA PRIMAVERA. Procuro no pronunciar estas palabras ni en alto ni en público porque yo a la vida la quiero, y no me apetece que me sometan al ostracismo másLEER MÁS

  No estando el periodismo en uno de sus mejores momentos, telediarios como los de las siete de la mañana poco ayudan a levantar el actual desprestigio de esta bonita profesión. Romántica como pocas, se la han ido merendando hasta convertirla en una miscelánea de titulares apocalípticos, contenidos estúpidos y datos más que manipulados. Es por eso que yo, Mala de los Nervios, me comprometo aquí y ahora a desvelar los misterios que rodean a ese horror televisivo en forma de informativo matinal. En principio, no existe nada en estos programas que llame la atención a un ojo medio, pero para eso tengo yo estosLEER MÁS

Ya que han opinado sobre el asunto desde filósofos hasta peluqueros, desde intérpretes de gestualidad facial hasta carpinteros, ginecólogas, fruteros y conductores de autobús; he pensado que por qué no yo. ¿Por qué no regalaros mi opinión sobre el tema estrella de este inicio de primavera? Sí, es ese tema. Lo del bofetón de Will Smith en la gala de los Óscar. En el fondo, una lástima. Con lo que me gusta el cine y menuda cuesta abajo sin límites que están tomando esos premios; cada vez más facilones, más convencionales y más cutres. Y esto último sí que me extraña, porque puedes culpar deLEER MÁS

  Por mucho que hoy en día los pueblos no sean tan pueblos y que todos estemos entrenados en la modernidad y en lo global; no hay nada como irte a una gran ciudad para que emerja tu parte aldeana. Una parte de la que no te avergüenzas porque te da como ternurilla. Le tienes cariño, te recuerda a tu infancia y a la primera vez que tus padres te llevaron a montar las escaleras mecánicas de El Corte Inglés. Si es que merece mucho la pena ser una pueblerina. Los que nacen en plena urbe se pierden estas experiencias. No era la primera vezLEER MÁS

El pasado mes de septiembre, en ese glamuroso Festival de Cine de Venecia, el estupendísimo actor y guapérrimo hombre, Oscar Isaac; y la talentosísima y esplendorosa actriz Jessica Chastain causaron un revuelo de lo más inesperado. Al menos, para mí. No entendí tanto puritanismo y sigo sin entenderlo. El asunto era tan simple como acudir juntos a promocionar un trabajo, con todo lo que eso conlleva: alfombra roja, posar en pareja, lucir divinos. Hasta aquí, todo comprensible y esperable. El quid de la cuestión llegó la noche del estreno, cuando aparecieron ante los fotógrafos vestidos de gala. Madre mía, qué envidia daba verlos. Él, ajustandoLEER MÁS

  ¿Un influencer insoportable que gana millones con tan solo 19 años? ¿Un vigilante de la zona azul que te pone la multa según te acercas al coche? ¿Un dentista psicokiller que te deja la endodoncia mal rematada? Podría ser. Pero no tengo tanto odio para repartir, así que centrémonos en los NUTRICIONISTAS. Para ello, acudiré a mi historia personal con este gremio; idilio fugaz como un helado en el día más caluroso del año. Todo comenzó cuando acudí a mi médico de cabecera para ver qué ocurría con unos profusos sudores nocturnos, acompañados de tembleques y de pesadillas. Tras unos análisis de sangre, meLEER MÁS

  Habiendo dejado pasar un tiempo prudencial para que el guirigay de las luces navideñas remitiera, el fin de semana pasado mi Costillo y yo fuimos a tomar un refrigerio a un garito de una ciudad que antiguamente era industrial y ahora se dedica a expectorar destellos y purpurinas. Terminadas las viandas y el café, ya en la calle concluimos que, vayamos adonde vayamos, acabamos comprando algo. “¡Se acabaron los vicios! -digo yo-. Elijamos un sitio donde no haya que gastar”. “¡Entonces vamos al centro comercial nuevo!” -responde mi Costi; siempre práctico y resolutivo. Efectivamente, un espacio creado única y exclusivamente para incitar al consumo,LEER MÁS

  Toda práctica de cualquier ideología convive con sus propias contradicciones. Y aunque el feminismo no sea una ideología, sino el producto de la coherencia y del sentido común, es prácticamente imposible no caer en algún contrasentido. A mí me pasa. Siempre me ha interesado la tarea de hacer desaparecer esa leyenda basada en la rivalidad entre nosotras. He abierto discusiones, monopolizado conversaciones y subido la voz unos cuantos tonos para convencernos a nosotras mismas y a los demás de que no somos nuestro propio enemigo. No hay nada que me duela más que escuchar que somos unas brujas entre nosotras y que nos devoramosLEER MÁS

  (“Jamás contada” porque la gente tiene mejores cosas que hacer que hablar de estas chorradas. Pero para eso estoy yo, amigas y amigos). Comencemos, pues. En muchas de las sobremesas que paso con mi suegra suele salir un tema que tiene su enjundia: el de tu alma gemela. Y no me refiero a tu alma gemela jugando al mus o a tu alma gemela para ir de viaje; no. Tu alma gemela en eso del amor. A mi suegra, este tipo de historias le fascinan. Ella cree en el flechazo, en tu media naranja, en el enamoramiento imantado que hace que uno esté enLEER MÁS