Me da la sensación de que los andaluces jamás se podrán sacar de encima lo de vagos, exagerados y fiesteros. Pero cada uno con su sambenito, que para eso están; para soportarlos eternamente. Dibujándolos como paisanos que se pasan la vida con su lolailo en la romería o en la feria, todavía hoy son legión quienes desconocen que se trata de una tierra fértil en poetas, pintores e intelectuales; desde Alberti hasta Lorca, desde Velázquez hasta Góngora. Definitivamente, su gentío me creaba curiosidad. Sabía que no todo es calor ni taconeo ni toros ni chistes, pero mejor si lo comprobaba yo misma mediante miLEER MÁS

  Afortunadamente, mi cortejo amoroso aconteció en tiempos ancestrales en los que las relaciones amatorias se desarrollaban como una novela de corte clásico: introducción – nudo – desenlace. Cierto es que en dicho esquema podían alterarse el orden de factores, dependiendo tanto de las ansias amatorias de los enamorados, como de elementos externos. De esta manera, una combinación habitual era empezar directamente en la fase dos para pasar a la fase de presentación/introducción en última instancia. Todo era cuestión de gustos y de formas de proceder. Asimismo, el estancamiento en la fase uno podía provocar un salto directo y sin escalas hacia el desenlace. EnLEER MÁS

Me sabe mal por Charles Darwin, un señor que se merece todos mis respetos por haber dedicado su vida entera al estudio y al progreso de la ciencia. Pero ahora es mi turno, y es posible que El origen de las especies quede para siempre en la misma categoría que una novelucha romántica de kiosko. Al principio sufriré la mirada escéptica de los círculos más selectos de la biología. Surgirán voces disidentes que pondrán en entredicho mi tratado, a las que me enfrentaré con la mejor de las posturas: la indiferencia, pues solo unos privilegiados podrán llegar a entender la magnitud de lo que aquíLEER MÁS

Millones de veces. Esa es la cantidad aproximada de ocasiones en las que he sufrido el desencanto de escuchar que las mujeres entre nosotras somos unas lagartas, unas folloneras, unas liantas y demás cualidades de similar cordialidad que tan dañinamente nos acompañan desde las épocas de las cavernas. Por mi parte, estoy más que aburrida de llevarle la contraria a todo aquel y, sobre todo, a toda aquella anclada en esa absurda creencia de que nos devoramos las unas a las otras. Así que me negaré hasta el fin de mis días a alimentar esa teoría rancia y viejuna. Admito que, como seres sociales queLEER MÁS

    La capacidad de autoentretenimiento de mi Costillo siempre ha hecho que nuestra vida social como parejita se limitase a amistades que provienen de mi parte, puesto que por la suya no había mucho donde elegir. Siempre ha sido feliz así. Acompañado está divino, a solas; simplemente en la gloria. Aunque recientemente su encanto natural ha surtido el consecuente efecto, siendo invitado a una estupenda comida veraniega apta para acompañantes. Esto es, yo. Con la fecha en cuestión marcada casi a fuego en el calendario de la cocina, cortesía de la agraria Viuda de González e Hijos, fuimos declinando otros eventos debido a laLEER MÁS

  Juro y perjuro que este tema lo había preparado antes del confinamiento, pero decidí guardarlo en ese baúl donde los textos me piden en bajito que los saque a la luz. “Sácanooooss, sácanooooss”, me dicen. Y me dan penita, claro. La historia es la siguiente: yo había escrito una entrada en la que hablaba de lo perjudicial que resulta para un estado de ánimo no muy boyante quedarse en pijama todo el día. Y tres días antes de publicarlo, el Gobierno decreta un confinamiento en el que la gente iría masivamente… EN PIJAMA. A partir de entonces no supe si debía centrarme en misLEER MÁS

Tras más de un mes confinados en casa hemos tenido la oportunidad de leer teorías de variadísima temática sobre el origen de esta pandemia. Todas ellas realmente hilarantes. Hay algunos que aseguran que se trata de una guerra bacteriológica para equilibrar el número de cotizantes y jubilados. Otros, abogan por intereses geopolíticos y económicos con farmacéuticas de por medio; sin olvidarnos de esa hipótesis de algunos círculos chiripitiflaúticos que aseguran que esto es una epidemia psicológica con la que pretenden atontar nuestros cerebros. ¿Más? ¡Pero si ya estábamos todos medio alelados! Y si fueran pocas estas conjeturas, yo lanzo una sospecha que nadie se haLEER MÁS

Hace tan solo unos días nos juraban que esta clausura nos iba a venir muy bien para reflexionar, ralentizar nuestros ritmos, dedicarte tiempo a ti mismo, sumergirte en la lectura, conversar tranquilamente y saber apreciar la belleza de las pequeñas cosas. Si no os importa, disculpadme un momento, por favor: Jajajajajajajajajajajajajajajajajajaja He terminado. ¡Pero si esto es un sinvivir! Entre aplaudir desde el balcón, entrenar como una gimnasta olímpica, y leer los primeros textos de Bob Dylan y la biografía de Virginia Woolf, yo ahora mismo estoy al borde del colapso. A PUNTO ESTOY DE PREFERIR UN POQUITO DE FIEBRE QUE ME LIBERE DE TODOLEER MÁS

  Para resarcirse de siglos y siglos mostrando a las mujeres desdén e indiferencia -eso en el mejor de los casos-, resulta que ahora les ha dado por sacarnos en los medios con sobrenombres rimbombantes con cierto tufillo hortera y condescendiente. Me refiero a esos nuevos apelativos que han lanzado desde el mundo del periodismo deportivo para denominar a equipos femeninos de lo que sea (¡noticia, no solo hablan de fútbol!) a través de calificativos al estilo de “Las Guerreras”, “Las Incansables”, “Las Luchadoras” y mamarrachadas similares que me parecen una memez y una machistada descomunal. Para empezar, en el mundo del deporte nadie quiereLEER MÁS

Tras los meses de noviembre y diciembre que pasamos por estos lares en los que unos días llovía, otros, llovía; después, había algunos en donde también llovía y, si acaso, te podías encontrar a veces con que, sorpresivamente, llovía; sufrí alguna que otra mojadura que dejó perjudicada a mi querida billetera de marca pija, regalo de mi amiga Marta. Yo, siempre tan eficaz con mis ideas de bombero jubilado, procedí a intentar revivir a esa pobre criaturilla que guarda mis dineros y mis cien mil tíckets de compras que se retrotraen hasta el año 1997. Para ello, lo único que se me ocurrió fue ponerloLEER MÁS