Últimamente he tenido que vivir una serie de escenas grotescas que me han hecho autorreafirmarme en mi teoría sobre el nerviosismo generalizado. Es como si se hubiese implantado un nuevo concepto de la paciencia pero sin paciencia. Ahora mismo en la calle se montan verdaderas trifulcas por tener que esperar unos minutos o porque la frutera carece de visión infrarroja para predecir que un calabacín estaba pocho por dentro. El nuevo hit es ir montando un pollo por verdaderas chorradas. Andamos todos bastante nerviositos. Aunque lo más curioso es que sacamos a relucir esta cólera con asuntos totalmente idiotas: en las colas del súper,LEER MÁS