¡Qué poca humanidad!
2020-01-13
La semana pasada un gato se coló en mi edificio aprovechando el momento en el que entraban unos vecinos. A esa hora mi Costillo y yo estábamos en casa, relajados, a la cálida lumbre de la chimenea mientras recitábamos en alto el Soneto número tres de Shakespeare en su lengua original, actividad que solemos practicar día sí y día también porque así es nuestra vida: docta, sabia y cultivada. Y aprovechando que se trataba de la noche de leer en inglés y no en ruso, como ocurre cuando leemos algún pasaje de Chéjov, pudimos escuchar perfectamente unos maullidos ensordecedores que provenían de la entrada delLEER MÁS
