Es muy curioso ese momento en el que nos escuchamos en una grabación. Por mucho que rebobines y le dés vueltas y más vueltas, no te reconocerás jamás. Mientras que en tu cabeza suenas a veces hasta interesante, en diferido tienes aires de tonta del bote con varios problemas de dicción. He llegado incluso a preguntar “¿Quién es esa que habla?”, y me han dicho que soy yo. Así, sin contemplaciones, sin rodeos ni preámbulo alguno que sirva de colchón para amortiguar una realidad como esa. Porque quieras o no, es un disgusto. Sobre todo cuando te dicen, sin tú saberlo, que tienes ademanesLEER MÁS