Analicemos hoy un tema, cuanto menos, perturbador: esas pobres muchachas que lucen sobre una tarima sus escuchimizados esqueletos . No tienen ni que hacer mucho esfuerzo para caminar, porque con tal de que alguien deje una puerta abierta sin querer, entra una corriente que las desliza estupendamente pasarela adelante. En general, la industria a la que pertenecen les exige mantener sus cuerpos como espárragos de reducidísimo calibre, y en casi todas las exhibiciones se repiten los mismos patrones, previa advertencia del diseñador o diseñadora que monta el numerito. Las pobres no son más que unas mandadas. Enunciaré, a continuación, las principales majaderías que he observadoLEER MÁS