Celos en la parejita: ¿Para qué narices sirven?

Celos en la parejita: ¿Para qué narices sirven?

El pasado mes de septiembre, en ese glamuroso Festival de Cine de Venecia, el estupendísimo actor y guapérrimo hombre, Oscar Isaac; y la talentosísima y esplendorosa actriz Jessica Chastain causaron un revuelo de lo más inesperado. Al menos, para mí. No entendí tanto puritanismo y sigo sin entenderlo.

El asunto era tan simple como acudir juntos a promocionar un trabajo, con todo lo que eso conlleva: alfombra roja, posar en pareja, lucir divinos. Hasta aquí, todo comprensible y esperable. El quid de la cuestión llegó la noche del estreno, cuando aparecieron ante los fotógrafos vestidos de gala. Madre mía, qué envidia daba verlos. Él, ajustando los gemelos de los puños; ella meneando su melena pelirroja. Recuerdo que mientras veía esas imágenes, me miré en el espejo con mi bata de andar por casa y pensé que a veces la vida es muy injusta, pero continuemos con la historia.

Seguro que muchos de vosotros y vosotras habéis visto las imágenes. Llegan por separado y se funden en un sentido abrazo y demás gestos: te toco un brazo, me tocas el hombro, te digo qué guapo estás, tú respondes con lo mismo y esa serie de cosas que se dice la gente normal sin tener que estar compartiendo cama ni episodios eróticos.

De verdad, qué pesadez no poder comportarse de manera espontánea. Qué rollo no compartir comentarios agradables con alguien a quien aprecias. ¡Demos un paso adelante ya! ¡No todo el mundo se acuesta con todo el mundo!

Perdón, me he desviado un poco del tema, eso tendría que venir luego, pero ya que está escrito, dejémoslo estar.

Retomando el posado ante los fotógrafos de este dúo de actores, llegó el momento en que él le besa la parte interna del antebrazo. Ni idea del motivo. Porque le dio la gana y punto, porque tendrían una apuesta o porque se habría puesto perfume del bueno en esa zona; y puede que ella le hubiera dicho: “Oscar, huele. No te lo vas a creer, estaba al 70% en el duty free del aeropuerto”. Y si uno está al loro de lo que cuesta un frasco de 100 ml, sabrá el mérito de haber encontrado semejante ganga. Merece la pena hasta oler un sobaco.

En cualquier caso, en pocas horas en todas las redes sociales y en prensa de lo más variada, incluida la denominada “seria”, salió el titular de la noticia y poco menos que parecía que venían de presenciar una escena de Emmanuelle en pleno Festival de Venecia. Dado mi gusto por el faranduleo elegante, me pasé un buen rato leyendo las opiniones de los lectores, ya que se montó la de Dios es Cristo por un beso en un brazo. Tras unos cuantos comentarios leídos y asimilados, me dio la sensación de que el público se lo tomó como una falta de respeto descomunal, pues tanto el uno como el otro está casado o tiene pareja: “Pero si la mujer de él estaba allí, justo a un lado. ¡Eso no se hace!”, “¡Y ella ha tenido un hijo hace poco! ¡Qué detalle tan feo!”, rezaban lo opinadores del sainete.

Así que tras este polémico comportamiento pongo sobre la mesa lo siguiente: Si se tratara de mi Costillo, en vez de Oscar Isaac, yo estaría tan, pero que tan orgullosa al verlo con su esmoquin de Armani, triunfando en una profesión en la que es tan difícil conseguir reconocimiento; contando con buenas compañeras y amigas con las que posar y con las que rodar trabajos interesantes, que no me importaría que le chupara incluso el dedo gordo del pie, como hace Tarantino.

PERO, OJO, QUE VISTO LO VISTO, IGUAL SOY UN BICHO RARO. Así que no me hagáis mucho caso; es solo lo que sentiría yo y no tiene por qué ser lo que le ocurra al resto.

Mi Costillo y la que escribe hemos hablado mil veces del alboroto tan desmesurado que se montó en torno a este beso entre una pareja amiga. Mi Costi, al que no le costaría nada ponerse en la piel de Oscar Isaac, ya que poder besuquear a Jessica Chastain es uno de sus sueños, siempre dice que no hay nada que empodere más a una pareja que la confianza mutua. Y es cierto. Y es que mi Costi no solo piensa en achuchar a Jessica Chastain; de vez en cuando se pone sensato y le gusta hablar de cosas serias, como que se achucharía seriamente con Monica Bellucci.

Con la Bellucci o con la Chastain, ¡yo estaría tan contenta por él! Y me imagino que eso es lo que sienten la mujer de Oscar Isaac y el marido de Jessica Chastain. A mí me parece lo normal. Puede que no sea lo habitual, pero sí me parece lo más natural y lógico.

Sin embargo, estamos rodeados de convenciones sociales arcaicas y es un superpecado de la muerte mostrarte expresivo, efusivo o amoroso con alguien con quien no te toca serlo. No te toca serlo porque te lo manda… te lo ordena… te lo exige… ¡NADIE! ¡No lo pone en ningún sitio! Pero hay que ver qué peso tienen las normas sociales. De hecho, después de lo acontecido en el festival, los dos actores no hicieron más que dar explicaciones a la prensa. Seguro que no tuvieron que hacerlo en casa con sus propios enamorados. Pero todo lo que hay detrás manda: lo que piensa el público, lo que piensan los productores que ponen el dinero para las pelis, lo que piensan los periodistas… Todos mandan menos uno mismo.

Yo, desde luego vivo muy en paz al respecto. Y si un día me encuentro a Jessica Chastain por la calle, le pediría que le besuquease el brazo a mi Costillo. El amor siempre ha de ser generoso.

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