El timo de la belleza inclusiva

El timo de la belleza inclusiva

 

Unas mentes pensantes, lo más probable unos señores que van de concienciados y sensibles, decidieron que ya está bien, que ellos tienen su corazoncito y que ya era hora de mostrar en el mundo de la moda, redes sociales y mass media a mujeres gordas, a señoras que no se tiñen las canas, que no tapan sus pecas y que lucen su cicatriz de la cesárea.

Las han llamado MUJERES REALES.

Con dos bemoles.

Claro, nosotras somos las reales en contraposición de las otras, unas diosas a las que no nos queda otro remedio que rendirles culto y tenerles envidia. Encima, les damos un trabajón a los mandamases del negocio, que hasta han tenido que juntarse y tratar el asunto: “Señores, las del #Metoo, las del ‘yo sí te creo’, las del ‘body positive’, las del ‘mi cuerpo mis reglas’ y todas esas feas y acomplejadas nos están llamando carcas. ¿Qué os parece si en esta campaña metemos a una o dos entradillas en carnes?”.

“¡Bien pensado!”

“Un momento… gorda, sí; ¡pero bien repartida!”

“¡Y joven!”

“¡Y maciza!”

“¡Y guapa!

“¡Con culo gordo pero sin barriga!”

“Y sin celulitis, ¿eh?

“¡Hombreee, eso ya cae de cajón!

¡¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA!! [risas patéticas de gente patética].

Y a partir de ese momento hemos estado viendo en los catálogos a chicas con más kilos de los que estábamos acostumbrados. Pero ojo, que aquí hay truco. Esto es un método engañabobos para hacer más dinero. Ahora se suben al carro de lo comprometido porque ahí está el negocio, aunque mucho antes nosotras les allanáramos el terreno afirmando por escrito o por megáfono que estábamos y estamos hasta las narices de los arquetipos absurdos que nos metían por los ojos. Pero eso sí, los involucrados con la causa resulta que son ellos.

Ahora bien, en cuanto terminas de ver “catálogos inclusivos”, lees esas noticias de Google de descomunal alcance periodístico, cuyo primer titular reza: “Cómo conseguir los brazos tonificados de [citranita de tal]”, seguido de “El vestido de estas fiestas ya lo está llevando [menganita de tal], ¿a qué esperas?” y rematado con “Péinate como [zutanita de tal] y quítate al menos veinte años”.

Hemos pasado de la diversidad a la obsesión por copiar unos modelos, por compararnos las unas con las otras. ¿En qué hemos quedado entonces? No entiendo nada. Resulta que anuncian a bombo y platillo que ya no es pecado envejecer ni estar gorda, PERO TODO CON MATICES, amigas y amigos. Entramos en lo que yo denomino LA LEY DE LA COMPENSACIÓN.

Efectivamente, compenso y tiro porque me toca. ¡Que comience el juego!

SI PONEN A UNA CHICA GORDA EN UN ANUNCIO DE PERFUME:

Ha de ser de una belleza exorbitante, con todo bien sujeto, nada fuera de sitio; gorda en unas partes, delgada en otras y siempre joven e insultantemente exótica. Oye, que nosotros ya hemos hecho bastante con poner a una foca, dejadnos compensarlo poniendo a una tía que os haga sentir mal. Hala, ahora a deprimiros.

También me he fijado en que los nombres de los perfumes están muy estereotipados, o es ella la que está estereotipada para el nombre; ya no sé. Nombres para el aroma al estilo de “Je suis comme je suis” (estoy gorda y lo he intentado todo. Perdona y acéptame así, pliss) , “Furious” (como estoy gorda se supone que soy una bruta y que estoy de mala leche. Por cierto, la modelo delgada anuncia el perfume Delicate) o “Brave” (estoy gorda, pero mira lo valiente que soy que no me he quedado dentro de una cueva escondiendo mi grasa). Y eso es todo lo que hay, nunca verás en un anuncio de una colonia a una mujer con lorzas caminando a cámara lenta por un jardín de rosas.

Ostensiblemente patético. Siempre lo mismo: ponen a regordetas  enfadadas, que rompen cosas mientras gritan en francés que están gordas porque les da la gana. Perdonad, pero de momento no he visto a nadie por la calle que vaya pegando gritos porque usa un 45 de pie o porque tiene el pelo castaño. Con lo cual, ponen en su anuncio a una gordita y han de justificarlo como si hubieran puesto un monstruito, un extraterrestre. 

SI APARECE UNA SEÑORA CON UNA MELENA DE COLOR GRIS:

Seguimos con lo de la diversidad y la inclusión del todo a cien. Es turno ahora de la gigantesca trola de mostrar a mujeres con sus canas al natural. “¡Está muy de moda! ¡Dejen de torturar su pelo y su tiempo libre luciendo su precioso color perlado!”, pregonan en todos lados. Pero la Ley de la compensación empieza a hacer de las suyas.

¿Cómo? Muy fácil, nos enseñan a señoras de 1’80, delgadísimas, vestidas con blusas de Yves Saint-Laurent o ataviadas de extravagantes y carísimas piezas de diseñador, mientras pasean por el barrio Le Marais en París. Su cabello blanco, peinado por el mejor peluquero de las estrellas, luce al viento mientras se dirigen a un maravilloso café llamado Les Philosophes.

¿Resultado? Ley de la Compensación ejecutada con éxito.

Por lo tanto, si para que consideren estiloso tu pelo blanco tienes que convertirte en influencer, millonaria, amiga de Giorgio Armani y propietaria de un ático en el centro de París, apaga y vámonos. Eso no es ni inclusión ni diversidad, eso se llama estupidez.

De lo contrario, si te dejas el pelo largo y canoso te llaman cochina y descuidada, lo cual es muy inclusivo, porque incluye a todos los ignorantes y a todas las mentes del Pleistoceno que todavía piensan así.

Yo, mientras, me afirmo y reafirmo en que estos parámetros de belleza que apuestan por la inclusión son un timo. Con fines únicamente comerciales en lugar de éticos, nos han metido en un fregado peor: ahora puedes ser gorda, pero te enseñarán prototipos de gordas a los que tú nunca llegarás. Puedes hacerte mayor, pero ni vives en Le Marais ni pesas 40 kilos ni fotografían tus canas en el yate de Valentino.

La presión sigue siendo la misma. Nos la han metido doblada, o sea que suma y sigue.

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