La verdad jamás contada sobre el mito de las almas gemelas

La verdad jamás contada sobre el mito de las almas gemelas

 

(“Jamás contada” porque la gente tiene mejores cosas que hacer que hablar de estas chorradas. Pero para eso estoy yo, amigas y amigos).

Comencemos, pues.

En muchas de las sobremesas que paso con mi suegra suele salir un tema que tiene su enjundia: el de tu alma gemela. Y no me refiero a tu alma gemela jugando al mus o a tu alma gemela para ir de viaje; no. Tu alma gemela en eso del amor.

A mi suegra, este tipo de historias le fascinan. Ella cree en el flechazo, en tu media naranja, en el enamoramiento imantado que hace que uno esté en una esquina del baile, y el otro, en la esquina contraria, y gracias a un milagro de la física y de una teoría que tiene ella sobre el campo magnético del amor, de repente :::::::ZAS:::::::, se quedan pegados como con pegamento de contacto. Y todo gracias a una fuerza allende la realidad. Es un tifón que supera las voluntades de las personas. Incluso puede que tengas que esperar cincuenta años para encontrar a tu parejita erótico-gemelar, pero según mi suegra, existe.

Yo, gran amante de la trifulca y de las sobremesas enredadas, le digo que eso es una mamarrachada como un templo.

Rectifico. Eso es lo que me gustaría soltarle, pero como es mi señora suegra lo suavizo contando mi teoría de la manera menos resabiada posible, por eso de no parecer una nuera superlista y sabelotodo; que ya sabemos que eso es algo que no le gusta nada a las suegras.

Comienzo mi discurso admitiendo que durante la adolescencia y primera juventud hay hormonas e imaginación de sobra para creer que tu alma gemela existe. Puede que nunca la llegues a conocer, pero los dioses del firmamento fabricaron un amorcito hecho expresamente para ti. De hecho, cuando estás en segundo de BUP conoces a uno al que los huevos fritos le repiten toda la tarde, como a ti; y que de Nirvana se queda más con Smell like a teen spirit que con Come as you are; y la coincidencia en estos dos criterios son más que suficientes para pensar que has encontrado al amor de tu vida. Definitivamente la leyenda del alma gemela es cierta. Te lo tomas como un dogma de fe y te conviertes en una fiel creyente.

Tras quince días te dice que Nirvana son un escombro y que se han vuelto comerciales. Encima lo has visto comer un bocata en la cantina del instituto que lleva huevo frito, entre otros tres mil ingredientes. Tu alma gemela solo ha durado dos semanas.

Aun así, intento hermanarme con mi suegra. Pongamos que existe un alma gemela hecha para cada uno de nosotros en cualquier parte del globo terráqueo. ¿Y si recibes un chivatazo sobre su paradero y resulta que no es otro que Tacuarembó, región de Uruguay?

MARRONAZO DEL QUINCE.

Creo que tendrías menos problemas juntándote con un tipo tacaño, poco amigo de la higiene, corto de luces y votante de Vox. Porque, ¿qué te queda desde el momento en que descubres que tu media naranjita, tu pichurri celestial, tu corazón de tiza en la pared es un ser humano natural de Tacuarembó, Uruguay?

Primero, una vez obtenidos los datos para dar con él, te das de bruces con ese ligero problemilla descubierto por no sé quién, pero a ver qué ganas tenía de liarla con semejante hallazgo. Ganas de dar la nota, seguro. Porque resulta que los que vivimos al norte del ecuador estamos en invierno, y los que viven al sur, resulta que están en verano.

¿Me queréis decir cómo vas a pillar a este tío en un rato libre entre tanta piscinita y terraceo? ¿Qué ganas tendrá de atender a mis mensajes? Ninguna. Cero absoluto. Tú, claro, en pleno invierno, aburridísima, estás dale que te pego mándandole fotitos en las que solo se te ven los ojos detrás de las gafas empañadas, porque entre la bufanda y la mascarilla, es lo que hay. Él le echará un vistazo a las fotos y dirá que no tiene ganas de liarse con una que viste de burka, por mucha alma gemela que sea. Que los talibanes no entienden de hemisferios, y en nada se te planta en tu casa su familia con sus AK-47 como quien lleva un bolso de Zara colgado del brazo.

Ubiquémonos en otro supuesto: que la cosa va hacia adelante. Tendrás que compaginar cuatro trabajos legales y otros tres ilegales para poder pagar los viajes y así veros de vez en cuando; aunque como una de esas labores no sea la de piloto de avión comercial, veo difícil lo de encontrar tiempo libre para ir a Tacuarembó, Uruguay.

Una vez allí, te quieres hacer la graciosa con su familia y no se te ocurre otra cosa que hablarles con (un penoso) acento argentino. Mal por tu parte. Te dicen que ellos no son argentinos, que son uruguayos y que están hasta el moño de esta confusión. Dado que esta inmersión en su mundo resulta fallida, lo intentas por segunda vez asegurándole a tu enamorado que respetas tanto su cultura que has decidido estudiar las lenguas indígenas. “Mis antepasados están en Italia; pensé que mi apellido te habría dado alguna pista”, te suelta.

Te vas a una esquina a cagarte en todo lo que se menea, mientras te acuerdas de lo bien que estabas sola en tu pueblo los sábados por la tarde viendo los telefilms de Antena 3.

Al final, remato mi monólogo en la sobremesa confesándole a mi suegra mi teoría, humilde y muy personal, sobre lo de las almas gemelas:

En primer lugar: NO EXISTEN (pongo brazos en jarra y cara de chulita mientras lo digo, como si hubiera descubierto América).

Nuestra parejita gemelar la vamos haciendo los dos poco a poco. Partiendo de cierta afinidad, nos vamos amoldando el uno al otro; aprendiendo cosas nuevas, cediendo aunque no nos apetezca, consiguiendo cierta armonía. Muchas veces también copiamos sus costumbres y adoptamos ideas que antes no teníamos. Y no consiste en dejarse abducir, sino en aprender, descubrir; que no es lo mismo. Por otro lado, tú llegarás con tu propia personalidad y tus propias costumbres que servirán para enriquecer a la otra mitad de la misma manera, creando una balanza de lo más chula.

Y un poquito de contrariedad y discusión. Que en la vida tiene que haber de todo.

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